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OSIAS WILENSKI – Una Autobiografía.

Mi padre era de una pequeña aldea polaca. Fue el más inquieto de su familia, y se fué de su casa muy joven, con un espíritu aventurero que lo llevó a Alemania, donde se hizo actor. Esa fue  también su suerte, pues los mismos alemanes que lo acogieron en la década del 1920, fueron los que, durante la segunda guerra mundial del 39 al 45, asesinaron a toda su familia que quedó en Polonia.Entró en una compañía circence y viajó por todo el mundo hasta llegar a la Argentina, donde actuaron en el Teatro Colón. Era común en esa época que los teatros de ópera también hicieran espectáculos de vaudeville y hasta bailes de fin de año.

Lo que pasó, como muchas veces sucede, fue que el manager que los contrató, escapó con todo el dinero de la caja y los dejó anclados en Buenos Aires, sin recursos ni esperanza. Muchos años después, siendo yo aún niño, conocí algunos de sus compañeros de espectáculo que también se quedaron, y que fueron amigos de vida de mi padre.

Esos mismos amigos le colocaron, en un rincón de una confitería muy conocida de Buenos Aires, una cámara de fotos y un fondo blanco, donde comenzó a trabajar tomando fotos de carnet. El trabajo progresó y, además de tener talento y suerte, en pocos años puso estudio propio y se convirtió en el fotógrafo más importante de la ciudad, trabajando para la colonia artistica, para la sociedad argentina y para distintos diarios y revistas.

Mi madre en cambio, provenía de una acaudalada familia rusa, que a los pocos años de la revolución comunista tuvieran que emigrar, y saben ustedes adónde? A la Argentina.

Allí conoció a mi padre, tuvieron su gran amor y aquí estoy yo.

Empecé a estudiar el piano desde muy niño. Lo hacía en una guardería que regía un inglés y que muy pronto le dijeron a mis padres que no tenían nada que enseñarme y que me llevasen a un buen profesor de piano. Me pusieron en manos del mejor de la época, un italiano de muy mal genio, el maestro Vicente Scaramuzza, con quien tuve de colegas a gente que luego triunfó en la carrera, como Antonio de Raco y Martha Aergerich,

También estudié armonía y composición con el vienés emigrado Erwin Leuchter, que había sido alumno de Alban Berg y que me inició en el conocimiento del dodecafonismo.

Un amigo de mi padre, el también polaco y gran pianista internacional, Arturo Rubinstein, me escuchó tocar e insistió en que fuera a perfeccionarme a New York, a la Juilliard School of Music, donde él mismo me gestionó una beca.

No encontré allí un profesor de piano que realmente me hiciera superar lo aprendido en casa, y me pasé al departamento de composición, donde estudié con los mejores de esa época. Con William Schuman, director del Juilliard, con Bernard Wagenaar, William Bergsma y Vincent  Persichetti.

El piano lo continué, pero por un golpe de suerte. con el  famoso virtuoso ruso Simon Barere que me aceptó como único alumno.

Sus enseñanzas, nada tradicionales, me elevaron en poco tiempo a la categoría de solista y me lanzó a una carrera que comenzó en New York (conciertos en el Town Hall y Hunter College)  y continuó luego de mi vuelta a la Argentina (el gran error de mi vida: dejar Estados Unidos) Hubo conciertos en el Teatro Colón, el Teatro Odeón, ya inexistente, radios, y otros muchos.

No quiero mencionar todas mis actuaciones, ni buscar en los cajones del olvido, viejas crónicas de aquellos tiempos. Además, los “currículum” demasiado largos no los lee nadie.

En los años 60, luego de un desencanto con la profesión elegida, abandoné la música, así, de pronto, cansado de sufrir el “stage frighgt” de los conciertos, y descubriendo que mi pianísimo tenía un límite que no me llevaría a una carrera internacional.

Decidí dedicarme al cine, que siempre amé, realizando algunos cortos metrajes .“Moto Perpetuo”  obtuvo premio en el Festival de Mar del Plata de l960 y “Ramón Gómez de la Serna” fue premiado en el Festival de San Sebastián, en España. También dirigí y produje dos largos metrajes, el más importante “El Perseguidor” sobre el cuento homónimo de Julio Cortázar, que tuvo bastante éxito y se exhibió en un oscuro festival de Italia, el de Sestri Levante.

Como fuí un pésimo productor, me arruiné y tuve que trabajar en la televisión, que recién se inauguraba en la Argentina. Me ubiqué en el llamado Canal 13, regido por cubanos emigrados.  Allí trabaje más de 10 años, dirigiendo todo tipo de programas, desde lecciones de cocina (“Buenas Tardes, Mucho Gusto”) hasta teleteatros lacrimosos (“El Amor tiene cara de Mujer”)

En los ’70, por esos avatares que tiene la vida, y la insistencia de mi madre y mi mujer de aquél momento (que tuve varias!) volví a la música, pero no como solista sino como pianista repetidor en el Teatro Colón, donde aprendí mi oficio de maestro de ópera, y donde conocí a los mejores directores y cantantes que en esa época dieron la enorme fama que poseía ese teatro. También continué escribiendo, obras que generalmente eran ejecutadas, dado que era uno de los más prestigiosos compositores locales.

A mediados de la década de los ’70 hubo en la Argentina un golpe de estado (uno de los muchos!) y se inició una guerra sucia entre la Junta Militar, o sea las fuerzas armadas, y los opositores. Guerra desigual y brutal, dejó un saldo de miles de muertos y matanzas sangrientas de civiles.

La situación económica, siempre inestable, tampoco estaba bien. La inflación se disparó en los ’80  hasta llegar a 10% diario!!! El Teatro Colón cerró por falta fondos para pagar a sus empleados. Un desastre!!!

Pero otro avatar vino a librarme de aquel infierno.

Un ex-compañero del Teatro Colón, Enrique Ricci, había emigrado a España, al Gran Teatre del Liceu, hacía algunos años. Allí tenía una importante gestión artística. Cuando me llamó, pues necesitaban un pianista, y en aquella época no había audiciones descalificadoras como ahora, me lancé sin pensarlo dos veces y me vine a España

En el Liceo tuve un primer contrato de 6 meses, que se prolongó por un año, luego dos, y luego quedé efectivo. Por algo sería, que no eran gentes de hacer favores!!

Hoy en día, ya retirado del Liceo, donde fui principal pianista durante 15 años, he vuelto a mi primer amor y me dedico exclusivamente a la composición musical. Tal como lo había predicho el inolvidable profesor Leuchter.

Rescaté partituras que había escrito desde joven, algunas las retuve, otras la revisé, y las más las destruí.

He escrito desde entonces 45 obras, que incluyen 3 óperas, obras de cámara, canciones y piano solo.

Desde el 2007 comencé a producir grabaciones de mis obras de cámara, primero en Barcelona con Columna Música, y luego en Estados Unidos donde encontré (o me encontraron) un socio perfecto en la productora Parma Recordings. De esta serie han salido ya 4 CD que están en el mercado.

Tengo setenta y tantos años (el tanto ese no lo desvelaré por ahora) y energía creadora e ideas para plasmarla para rato, y espero que, con suerte, pueda realizar la tarea que me he impuesto en mi vida.

GRACIAS

Osias Wilenski portraitOsias Wilenski concert 

Osias Wilenski portrait

 

Osias Wilenski ¬ Kaufmann

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